EDITORIAL: SUBSIDIO DE LUZ POR ZONA CALIENTES, ¿EL CALOR ES SOLO PARA ALGUNOS?

En una provincia donde las temperaturas extremas son una realidad que golpea durante gran parte del año, resulta difícil entender por qué los beneficios de la denominada «zona caliente» alcanzan únicamente a los usuarios residenciales, mientras miles de comerciantes quedan excluidos de cualquier alivio en sus facturas de energía eléctrica.

La pregunta es simple: ¿acaso el comerciante no sufre el mismo calor? ¿Acaso el dueño de un kiosco, de una despensa, de una peluquería, de una farmacia o de un pequeño negocio no necesita encender ventiladores, aires acondicionados o equipos de refrigeración para trabajar en condiciones dignas?

Mientras las familias reciben un subsidio que ayuda a afrontar el elevado consumo eléctrico provocado por las altas temperaturas, los comerciantes deben absorber costos cada vez más elevados. Y lo hacen en un contexto económico complejo, donde las ventas disminuyen, los impuestos aumentan y los servicios representan una carga cada vez más pesada.

Lo más llamativo es que muchos de estos pequeños comerciantes son vecinos de la misma comunidad, personas que generan empleo, sostienen la economía local y brindan servicios esenciales. Sin embargo, cuando llega la factura de la luz, pareciera que el calor deja de existir para ellos.

No se trata de quitar derechos a quienes reciben el beneficio. Todo lo contrario. Se trata de ampliar una mirada que contemple la realidad de quienes todos los días levantan la persiana de sus negocios y también padecen las consecuencias de las temperaturas extremas.

La energía eléctrica no es un lujo en las zonas cálidas; es una necesidad. Y esa necesidad no distingue entre una vivienda familiar y un pequeño comercio.

Tal vez haya llegado el momento de que las autoridades revisen esta situación y evalúen mecanismos que permitan incluir a los comerciantes dentro de los beneficios por zona caliente. Porque el calor afecta a todos por igual, pero hoy parece que algunos están obligados a pagar mucho más que otros por soportarlo.

La discusión está abierta. Y la pregunta sigue vigente: si el calor no discrimina, ¿por qué los subsidios sí?

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